Cuando el explorador Hiram Bingham III encontró Machu Picchu en 1911, en realidad buscaba una ciudad diferente conocida como Vilcabamba. Esta era la capital oculta a la que el pueblo inca había escapado después de que los conquistadores españoles llegasen en 1532. Con el tiempo se hizo famosa como la legendaria ciudad perdida de los Incas. Bingham pasó la mayor parte de su vida argumentando que Machu Picchu y Vilcabamba eran la misma ciudad, una teoría que no se pudo probar como errónea hasta después de su muerte en 1956. (Actualmente se cree que la verdadera ciudad de Vilcabamba se construyó en la jungla a aproximadamente 80 kilómetros al oeste de Machu Picchu). Investigaciones recientes han puesto en duda si Machu Picchu había sido realmente olvidada. Cuando Bingham llegó, tres familias de agricultores vivían en el lugar. Las piedras de los edificios más bellos de todo el imperio inca no utilizan ningún tipo de argamasa en las uniones. Estas rocas se cortaron de manera tan precisa y se encajaron de forma tan ajustada que no se podría introducir ni una tarjeta de crédito entre ellas. Aparte de las ventajas estéticas evidentes de este estilo de construcción, existen ventajas en cuanto a la ingeniería. Perú es un país sísmicamente inestable (Lima y Cuzco han sido azotadas por los terremotos), y Machu Picchu fue construido en lo alto de dos fallas. Cuando se produce un terremoto, las piedras de los edificios “bailan”, es decir, se mueven durante los temblores y luego vuelven a su lugar. Sin este método de construcción, muchos de los edificios más conocidos en Machu Picchu se habrían derrumbado hace mucho tiempo.
