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SAL ROJA Y ROSA

Una vez levantada esa capa, con esa danza magistral realizada tanto por hombres como por mujeres, son ellas las que ayudadas por dos tablas de madera van apilando la sal en montones mientras ellos la trasladan a la pispita -un cesto hecho de mimbre- para lavarla, dejar caer el exceso de agua y trasladarla un pequeño primer secadero situado en los alrededores de la poza. Una vez recogida la sal rosa, llega el momento de trabajar la segunda capa de sal, la conocida como sal roja y destinada a otros usos, especialmente médicos, mineros y agropecuarios.